Una película, como la vida misma llena de simbolismos y basada en los fanatismos políticos y la desesperación del pueblo llevada a cabo por el que termina por convertirse en un líder de masas. Se trata, de nuevo, de la historia del que robaba a los ricos para ofrecérselos a los pobres, pero en este caso V se siente el artista que miente para sacar a la luz la verdad, al contrario que los políticos, que mienten para su propia beneficiencia. Podríamos resumirlo en hacer el mal para conseguir el bien, en llevar a cabo la idea de justicia que ambos promueven desde el punto de vista de que hay que llevar a cabo y luchar por nuestros ideales.
La idea final compartida por ambos protagonistas de que no solo somos esclavos de nuestros pensamientos sino que debemos luchar por ellos, porque los ideales son los únicos que siguen vivos, que permanecen eternos y con la capacidad de seguir guiando a las masas. es la idea que prevalece. Es lo que convierte a V en persona dentro de su pensamiento aparentemente deshumanizado.
Una Natalie Portman excepcional se muestra dentro de este caos de película que no sería lo mismo sin ella.
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